Personajes

PEDRO HENRÍQUEZ ALMEIDA. Militar, marino y constructor naval nacido en la localidad en 1584. Ocupó diversos cargos en la administración colonial española en América, concretamente en Puerto Rico, donde destacó como responsable de la estrategia defensiva de sus costas, desempeñando en la ciudad y puerto de San Juan los oficios de almirante y de cabo general de flota además del de contador-juez oficial real del lugar. En La Española aparece como capitán de forasteros de la ciudad de Santo Domingo. En 1640 el rey Felipe IV le encarga la construcción de seis galeones, de 550 toneladas cada uno, con destino al servicio real, lo que viene a probar su pericia en el arte de fabricar naos.

JUAN FERNÁNDEZ. Carpintero y maestro ensamblador de retablos. Nació en 19 de junio de 1643 y falleció en Santa Cruz de La Palma el 22 de enero de 1717. Discípulo del prestigioso maestro, de la misma especialidad, Andrés del Rosario (1615-1693), desarrollará una variedad e importante obra lignaria en la mayoría de templos palmeros, incluido el de su localidad nata, y fue, entre 1681 y 1710, alcalde del gremio de carpinteros de La Palma.

LUIS TOMÁS LEAL. Fraile dominico que según recoge Agustín Millares Carló, nació en Mazo el 10 de noviembre de 1663, en cambio el cronista palmero Jaime Pérez García señala que nació en S/C de La Palma el 24 de agosto de 1688, y Viera y Clavijo sólo dice que nació en La Palma. Fue en dos ocasiones provincial de la Orden de Predicadores en Canarias, entre 1727 y 1735, ” y ardiente promotor de la devoción de la Virgen y de las decoraciones del convento de Candelaria…”, poniendo de relieve ” su celo”, su erudición y su elocuencia” en la obra que escribió sobre la sagrada imagen de la patrona de las Islas. Como orador sagrado lo vemos predicando en la parroquia de Los Remedios de La Laguna, el 8 de noviembre de 1740, en las exequias de la reina Mariana de Neoburgo, viuda de Carlos II. Estuvo en Roma en calidad de provincial de su orden, para participar en el capítulo general de la misma en el que fue electo el padre Ripoll. En su retiro del convento mariano de Candelaria, del que fue alcides, se consagraría a escribir la mencionada obra sobre la historia de la aparición milagros de Nuestra Señora de Candelaria. Este manuscrito, que no fue publicado, desaparecía en el incendio que posteriormente destruiría el archivo conventual. Millares Carló atribuye también a Luis Tomás Leal la “Novena de Nuestra Sra. de las Nieves venerada en la Isla de La Palma una de las Canarias”, publicada en 1753 y reimpresa en 1845.

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Juan Pérez Díaz

JUAN PÉREZ DÍAZ. Perteneciente a una familia de destacados políticos locales nació el 3 de abril de 1859 y fallecería, en Santa Cruz de Tenerife, el 22 de abril de 1908. Su padre, Blas Pérez Sánchez, al igual que sus tíos paternos Alonso y José Antonio, ocuparía la Alcaldía de Mazo en varias ocasiones.
Su primo hermano Alonso Pérez Díaz, de quien fue padrino de bautismo con fecha 11 de julio de 1876, se convertiría en líder de los republicanos de La Palma y su hijo, Blas Pérez González (1898-1978), fue ministro de la Gobernación con Franco de septiembre de 1942 a febrero de 1957. Por su parte, Juan Pérez Díaz, licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Sevilla, fue responsable en Mazo, en los años ochenta y noventa del siglo XIX, del servicio de atención domiciliaria a los pobres y ocuparía el cargo de director sanitario del puerto de Santa Cruz de La Palma. Vinculado al mundo de la masonería insular, destacaría por altruismo en el desarrollo de su labor como médico. Su decidida actuación durante la epidemia de fiebre amarilla que sufrió La Palma en 1888, fue recompensada con la concesión de la Cruz de Segunda Clase de la Orden Civil de Beneficencia.

NORBERTO PÉREZ DÍAZ. Sacerdote. Nacido el 6 de junio de 1862 y primogénito del matrimonio formado por Alonso Pérez Sánchez, teniente de las antiguas Milicias Provinciales en la isla de La Palma, capitán graduado de Infantería y alcalde de Mazo, y Luisa Díaz Guerra. Hacia septiembre de 1894 fue nombrado cura ecónomo y arcipreste de La Palma, cargo que al parecer ya había desempeñado. En junio de 1897 realiza los ejercicios de oposición para cubrir plazas en las parroquias vacantes de la diócesis, obteniendo el número 35 en una lista de 52 opositores. El 18 de enero de 1898 el periódico “El País” de la capital palmera, se hacía eco de la distinción que le concedía de arzobispo de la Manila y metropolitano de Filipinas por la que se le permitía “confesar, predicar y celebrar el Santo Sacrificio de la Misa, en toda su diócesis”. Como cura ecónomo de La Victoria de Acentejo (Tenerife), realiza las gestiones por las que se le concede el título de Villa a este pueblo en el que, también debido a su iniciativa, se establece el alumbrado público. Ya en La Palma ejercerá su labor eclesiástica como cura párroco de El Paso, donde también desplegaría una importante labor social a favor de los menos pudientes. Precisamente el poeta Pedro M. Hernández y Castillo, natural de esta última localidad, le dedica un soneto titulado “A la rosa de Jericó”, que recoge en su libro Notas canarias o espejo de la vida prolongado por Alonso Pérez Díaz, hermano de Norberto, y publicado en 1920. Años después el 14 de abril de 1932, el mismo vate interviene en el acto celebrado en El Paso, en el que se le daba el nombre de nuestro biografiado a una de las calles de la ciudad.

Norberto Pérez Díaz había fallecido el 20 de julio de 1924 y sus restos se encuentran en la actualidad depositados en el panteón familiar del cementerio de Santa Cruz de La Palma. Su nombre forma parte también del callejero del municipio tinerfeño de La Victoria de Acentejo.

MAXIMILIANO PÉREZ DÍAZ. Licenciado en Ciencias Físico-químicas y en Farmacia. Nacido el 1 de julio de 1864 fue bautizado en la parroquia de San Blas el día 10 siguiente como Maximiliano Blas del Sacramento y falleció en Mazo el 14 de abril de 1926. Residente aún en Madrid por razones de estudio, el Ayuntamiento macense le nombra, el 26 de enero de 1989, su apoderado en la capital española. De regreso a la Isla, le vemos en 1904 formando parte del claustro de profesores del Colegio Privado de Enseñanza de Santa Cruz de La Palma dirigido entonces por Sebastián Arozena Henríquez. El 7 de enero de 1908 el Ayuntamiento le designa farmacéutico titular de la villa, firmando el correspondiente contrato el día 27 siguiente. Se mantuvo en dicho puesto hasta su fallecimiento. Su influencia en la vida social y política de la localidad, desde una posición conservadora, fue grande y en abril de 1913 se convertía en el primer presidente de la Sociedad “La Unión”. Destacó por su interés en el desarrollo urbanístico local, colaborando estrechamente con el Ayuntamiento, a partir de 1920, para llevar a efecto la ejecución del plan de reforma interior de la población que afectaría fundamentalmente al núcleo capitalino y que fue ideado por el arquitecto palmero Pelayo López y Martín Romero quien, en su momento, renunciaría a los honorarios correspondientes en favor del municipio y “como singular distinción y honor al vecino del mismo Don Maximiliano Pérez Díaz…”. En 1921 se le concede el título de Hijo Predilecto, siendo el primer macense al que se le concede esta distinción.

PEDRO PÉREZ DÍAZ. Abogado. Hijo del ya mencionado matrimonio formado por Alonso Pérez Sánchez y Luisa Díaz Guerra, nació el 29 de junio de 1867. A temprana edad abandona La Palma para establecerse en Madrid, donde llevaría a cabo sus estudios de Filosofía y Letras y Derecho y contraería matrimonio, en febrero de 1895, con Catalina Salmerón y García, hija del que fuera tercer presidente, en 1873, de la Primera República española. Fruto de esta unión fue su única descendiente: María Luisa Pérez Salmerón. Fue discípulo del malagueño Francisco Giner de los Ríos, cuya obra inspiraría muchos de los planteamientos reformistas, liberales y antimonárquicos que traerían consigo la Segunda República. Estamos ante el autor material del informe sobre la estructuración político-administrativa del Archipiélago, en la coyuntura histórica del denominado “problema canario” de las primeras décadas el siglo XX, elevado luego a la categoría de ley el 11 de julio de 1912 (Ley de Cabildos), cuando ocupaba la presidencia del Consejo de Estado, la Academia de Jurisprudencia, su propio despacho y el Ateneo de Madrid, acogerán una callada pero importante labor. En la biblioteca de la última institución citada transcurrirían muchas horas de arduo trabajo, siendo uno de los socios ateneístas más activos llegando, en febrero de 1913, a formar parte de la junta directiva. Dentro de su producción bibliografía se encuentran los siguientes títulos: Suspensión de Ayuntamientos. Interpretación del artículo 189 de la Ley Municipal (1905), el socialismo. Fundamento del sistema marxista. Trabajo y valor y El problema canario (19010); El problema social y el socialismo. Una solución (1915) y El contrato de trabajo y la cuestión social (1917). Para el dirigente comunista palmero José Miguel Pérez, la obra de Pedro Pérez Díaz tenía como aspecto interesante el haber profundizado en el estudio del marxismo, de donde había salido la materia “para sus mejores obras”. Su militancia política se materializa primero en la Unión Republicana, fuerza surgida tras la fusión de todas las fracciones del republicanismo español cuyos representantes en Madrid, reunidos en asamblea el 25 de marzo de 1903, eligen como jefe a su suegro, Nicolás Salmerón. Más tarde entraría a formar parte del partido reformista su amigo Melquíades Álvarez, surgido hacia 1912. Su figura y su obra destacan, sobre todo, en el Consejo de Estado, al que llega tras reñidas oposiciones. Su labor en este cuerpo obtuvo una amplia consideración, calificándolo el mismo Ortega y Gasset de “aristócrata de la burocracia” y gozando de la absoluta confianza, a pesar de su firme vocación republicana y reformista, de políticos conservadores como Antonio Maura.

Los éxitos, sin embargo, como profesional del Derecho, con un bien ganado prestigio y una reconocida trayectoria laboral y humana, no fueron paralelos a sus éxitos en el campo de la política local palmera. Los resortes de la vida pública de entonces, herederos del caciquismo del siglo XIX, seguían complicando cualquier consulta electoral. Desde esta realidad, como candidato de los republicanos de La Palma, sería derrotado en las elecciones a Cortes de 1903 y 1914, de las que saldría vencedor el conservador Pedro Poggio. Finalmente conseguiría el acta de diputado en 1916, Pedro Pérez Díaz falleció en Madrid el 26 de marzo de 1930, y fue enterrado en el panteón que la familia Salmerón poseía en el cementerio de la capital española. El Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, en sesión plenaria de 24 de abril de 1931, acuerda dar su nombre a la entonces calle de San Sebastián. Una año más tarde, el 3 de abril de 1932, era el Consistorio de su localidad natal el que hacía lo propio con la denominación de la plaza principal de la villa, que luego el franquismo se encargaría de borrar más tarde, por acuerdo plenario de 27 de junio de 1989, ser recuperada democrática y definitivamente. Su nombre rotula igualmente una vía de la capital tinerfeña.

BLAS PÉREZ DE LA CRUZ. Escritor local nacido el 6 de febrero de 1869, autor de la obra en verso Representación en honor a Santa Rosalía cuyo estreno tuvo lugar el 3 de septiembre de 1896. Su afición por escribir, de la que ya hemos dejado constancia, queda reflejada en la prensa de su época, y a su pluma se debe el comunicado que firma en Mazo el 15 de enero de 1899 y que publica el periódico “La Justicia” de Santa Cruz de La Palma el día 26 siguiente. Se trata de una crítica al cura párroco de San Blas, Agustín Espelt, en la que, con fina ironía, mezcla prosa y verso, quedando de manifiesto sus inquietudes literarias.

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Caridad Salazar Fernández

CARIDAD SALAZAR FERNÁNDEZ. Escritora y educadora nacida, según todos los indicios, en la localidad el 16 de agosto de 1869. Sobrina de los insignes palmeros Valeriano (1831-1925) y Juan Fernández Ferraz (1849-1904) es, por tanto, heredera de una importante tradición intelectual familiar vinculada al mundo de la educación y la cultura y de la que participó también su madre, Juana Fernández Ferraz. Afincada desde muy temprana edad en Costa Rica, a la que se trasladó con su familia, se incorporará de lleno al mundo de la enseñanza de este país donde ejercerá como maestra nacional, desarrollando una significativa labor pedagógica en la que destacará incluso como autora de un libro de texto oficial (Robinson Tico). Entre su producción literaria están obras como La Cruz de Caravaca, Celajes de Oro, Flor de Café o La partera de los Ángeles. Su fallecimiento se produjo en San José de Costa Rica el 26 de agosto de 1948. Años más tarde, el Ayuntamiento de Villa de Mazo reconocía, en la sesión plenaria que celebraba el 30 de agosto de 1959, la labor literaria y educativa desplegada por esta ilustre palmera, acordando dejar constancia de la misma, como homenaje póstumo, en una lápida conmemorativa y dando su nombre a una calle del casco urbano. El acto de reconocimiento en el que se descubrirá la citada lápida, coloca en la fachada de las Casas Consistoriales, tuvo lugar el 25 de septiembre de 1960.

ALONSO PÉREZ DÍAZ. Hermano de los ya reseñados Norberto y Pedro, nació el 11 de junio de 1876 y fue bautizado un mes más tarde en la parroquia de San Blas. Tras los estudios primarios y secundarios, que finaliza hacia 1895, su formación universitaria la llevará a cabo en Madrid. La estancia madrileña, concluida en torno a 1904, será decisiva para su posterior decantación política, convirtiéndose en líder indiscutible de los republicanos de la isla de La Palma. A la par que sus estudios de Filosofía y Letras y Derecho, desarrollaría una destacada actividad en los ambientes estudiantiles de su tiempo. Fruto de la misma sería la fundación, en 1900, de la Unión Escolar que desde la capital española aspiraba a la unidad de los universitarios de todo el país. Al calor de las influencias reformistas de su hermano Pedro y en contacto directo con los ambientes regeneracionistas de la época así como con los círculos del republicanismo español, liderados por la figura señera de Nicolás Salmerón, por quien sentía auténtica veneración, se iniciaría en el mundo de la militancia política. A mediados de 1904, una vez completada su formación universitaria en Madrid, comienza a ejercer profesionalmente en su isla natal, donde también le vemos formando parte de un claustro de profesores del Colegio del Colegio Privado de Enseñanza de la capital palmera dirigido por Sebastián Arozena Henríquez. Su labor forense iba a ser intensa y solicitada por gente de toda clase y condición, llegando a convertirse en el letrado más popular de la sociedad palmera de entonces. En 1905 inicia su andadura política arropado por el republicanismo insular. Su acción pública sería relevante a pesar de que fueron años difíciles para la causa republicana y en los que tuvo que enfrentarse a las tramas caciquiles que mantenían a los conservadores en el poder. Con el advenimiento de la Dictadura de Primo de Rivera fue nombrado, paradójicamente, alcalde de Santa Cruz de La Palma, cargo en el que apenas estuvo cinco meses al ser defenestrado por las argucias de sus enemigos políticos. La plenitud política de Alonso Pérez Díaz vendría con la proclamación, el 14 de abril de 1931, de la Segunda República en España. Fue elegido diputado por La Palma en dos legislaturas consecutivas: las de las Cortes Constituyentes (1931-1933) y la conocida como “República de derechas” o “bienio negro” (1933-1935). En ambas formó parte de las listas del Partido Republicano Palmero, bajo la directriz estatal del Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux. Tras la ruptura que, en marzo de 1934, se produce en la última formación política citada, Pérez Díaz queda en una difícil situación. Esto es, mientras en el ámbito insular se mantuvo fiel a los radicales de Orozco, en Madrid se decantaría por la Unión Republicana liderada por el sevillano Diego Martínez Barrio. En vísperas de las elecciones a Cortes de febrero de 1936 intentaría, sin éxito, reunificar a las fuerzas republicanas tinerfeñas. Esto le lleva a presentarse de nuevo a los comicios junto a su amigo Andrés Orozco. Los resultados, victorioso al Frente Popular, le fueron totalmente adversos no renovando su acta de diputado. Tras el comienzo golpista de julio de 1936 y la caída de La Palma en manos de las tropas franquistas, es deportado a Tenerife y encarcelado, definitivamente, en septiembre de 1939. Su condición de líder carismático y su gran proyección pública, hicieron que sobre él recayese con intensidad la carga represiva del nuevo régimen, pero fue su pertenencia a la masonería lo que impidió que prosperasen sus peticiones de libertad condicional. Su delicado estado de salud hizo obligado el traslado a Las Palmas, ingresando en la Clínica San Roque de la capital grancanaria en septiembre de 1941, lugar en el que deja de existir, en circunstancias algo confusas y en calidad de preso político. Su constancia a favor de la educación y la cultura sería otro de los hilos conductores de su vida. Su obra social a favor de la instrucción de las clases menos favorecidas fue realmente importante. En su labor como parlamentario se opuso tenazmente a cualquier merma de las consignaciones destinadas al desarrollo cultural del país, apoyando en todo momento a organizaciones e instituciones que lo propiciaran. La casa familiar de Villa de Mazo, cumpliendo su disposición testamentaria, alberga hoy la Biblioteca Pública Municipal y ha sido sede, respetando también su deseo, de centros de educación públicos. El esfuerzo por dotar a La Palma en todos los campos y mejorar las condiciones de vida de sus paisanos, nadie puede estar en condiciones de negarlo. Sus propios adversarios políticos se lo llegaron a reconocer. Por su tesón, tanto en la oposición como en el gobierno, se consiguieron importantes mejoras para la Isla. Las obras públicas centraron su gestión en la búsqueda de la “prosperidad no soñada” para el solar de su nacimiento. Inversiones en puertos, carreteras, escuelas, entre otros, se fueron materializando gracias a su trabajo como diputado. Del mismo destaca, sin duda, la creación en 1931 del Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Cruz de La Palma que hoy lleva su nombre, una vieja aspiración por la que Pérez Díaz había luchado siempre. Alonso Pérez Díaz fue un auténtico fenómeno social en La Palma de la primera mitad del presente siglo.

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Juan Bautista Hernández

JUAN BAUTISTA HERNÁNDEZ. Maestro nacido en la localidad el 14 de abril de 1891, hijo del también maestro, natural de La Laguna (Tenerife) y destinado en Mazo, José María Hernández y de María del Carmen Hernández Rateliffe, natural de la localidad tinerfeña de Tacoronte. Cursará los estudios de Magisterio en la Escuela Normal de La Laguna y, finalizados los mismos, obtendrá como primer destino y con carácter interino la escuela de Tiguerorte, barrio de su localidad natal, a la que llega con tan sólo 19 años. De esta escuela tomará posesión en propiedad, superadas las correspondientes oposiciones, el 10 de mayo de 1916. Hacia 1924 traslada su residencia a la capital palmera donde continuará su labor docente y el desarrollo de sus ideas educativas basadas en una concepción laica y racional de la enseñanza. Al mismo tiempo, hará patente su preocupación por la educación de los menos pudientes, impartiéndoles clases gratuitas, gestionando becas y ayudas en su favor y apoyándoles incluso con su ayuda económica personal. Fue, en definitiva, uno de los introductores, en La Palma de finales de la década de 1920, de las teorías educativas renovadoras en boga. Paralela a su trayectoria personal como educador está su labor como activista político y sindical. “Era -según Juan Régulo Pérez- un hombre liberal, republicano y masón,…”. En este sentido fue militante de la Unión Republicana y delegado general en la capital palmera de la Federación de Trabajadores de la Enseñanza. Tras la sublevación militar de julio de 1936 sufriría las consecuencias de la represión fascistas porque, al fin y al cabo y como bien afirma Manuel Ferraz Lorenzo, “había brillado en la sociedad de Santa Cruz de La Palma por su compromiso republicano en lo político, por la fidelidad masónica en las ideas, por la trayectoria progresista en sus conductas y manifestaciones, y por su talante reformista y renovador en lo educativo”. El franquismo le dejó sin titulo y sin trabajo y las difíciles circunstancias le obligaron, junto a su familia, a abandonar La Palma para establecerse en Tenerife desde donde, en 1948, se verá igualmente forzado a emigrar clandestinamente a Venezuela; país en el que continuará con su labor docente hasta su misma muerte, acaecida a finales de abril de 1953. Fue enterrado el 1 de mayo, envuelto en la bandera republicana. Testimonio elocuente de su personalidad son las palabras de su puño y letra, escritas el 28 de julio de 1940, en las que señalaba; “…en mi memoria, salvo la voluntad de mi familia, no quiero más honras fúnebres que buenas acciones y vivir siempre en el recuerdo de los que han sido tan requeridos”.

MANUEL CORNELIO MORALES PÉREZ. Médico. Nacido en Monte Breña el 16 de septiembre de 1902. Primo hermano de otro hijo ilustre de Villa de Mazo: el pintor José Gregorio Toledo Pérez (1906-1980). Al pincel de este último se debe un retrato al óleo, realizado en 1928, de Manuel Morales, inmortalizado igualmente, en dibujo a lápiz, por la también artista palmera Maribel Nazco en la década de los cincuenta. Tras haber realizado sus estudios primarios y secundarios, a caballo entre su isla natal y La Laguna de Tenerife, en 1920 se traslada a Madrid para continuar su formación e iniciar su carrera universitaria. En la capital española ingresaría en la Facultad de Medicina de la Universidad Central, donde gozaría del magisterio de insignes profesores como Santiago Ramón y Cajal o del grancanario Juan Negrín López. En junio de 1925, cuando contaba con 22 años de edad, obtiene la licenciatura en Medicina y Cirugía, mostrando luego, durante el ejercicio de su profesión, constante interés por la especialidad de Cardiología. En septiembre de 1926 es nombrado médico titular del recién creado municipio de Tazacorte, cargo que ocuparía hasta su renuncia en abril de 1971. Sería éste su primer y único destino, fijando su residencia en esta localidad en la que seguiría atendiendo las consultas de sus pianos, ya jubilado, casi hasta su muerte, acaecida el 4 de octubre de 1986. Aquí se ganaría, por sus cualidades humanas y su buen hacer, el afecto popular. De sus sesenta años al servicio no sólo de los vecinos de Tazacorte sino de toda la comarca, cabe destacar su ejemplar y eficaz actuación en los difíciles días, allá por agosto de 1928, en que el citado municipio sufrió el azote de un brote de peste bubónica. Su meritoria labor fue reconocida tanto oficial como popularmente. Estaba en posesión de la Encomienda de la Orden Civil de Sanidad (julio de 1950) y del título de Hijo Adoptivo de Tazacorte cuyo expediente fue incoado, en mayo de 1980, por el Ayuntamiento que, ya en abril de 1971, había solicitado del Ministerio de Trabajo la concesión de la correspondiente medalla. Por acuerdo plenario de 15 de junio de 1950 su nombre pasó a rotular una de las calles de la hoy Villa y Puerto y años más tarde, en 1959, se hacía lo propio con una de sus plazas, reconocimientos que culminarán, el 4 de octubre de 1990, con la inauguración de un busto obra del escultor Pereda de Castro. También el Ayuntamiento de su pueblo natal lo había hecho Hijo Predilecto en 1961. De talante liberal y vasta formación humanística, sintió gran admiración por la obra de Ortega y Gasset y de Marañón. De su altruismo bien da cuenta su disposición testamentaria, dictada en diciembre de 1985 en Las Palmas de Gran Canaria, por la que lega al pueblo de Tazacorte, representado por su Ayuntamiento, su importante patrimonio, dejando su casa para que fuera destinada a fines culturales y estipulando la creación de becas a favor de aquellos estudiantes canarios que, siendo destacados, carecieran de recursos para completar su formación. Al respecto, en la sesión extraordinaria celebrada, el 26 de septiembre de 1990, fueron presentados por el Ayuntamiento tazacorteño los estatutos de la denominada “Fundación Doctor Morales”. En mayo de 1991 se publicaba su biografía con el título de Don Manuel Morales. Médico y humanista (1902-1986), obra del investigador Celestino Hernández Sánchez.

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Cruz Alonso Rodríguez

CRUZ ALONSO RODRÍGUEZ. Empresario Nacido en el pago de Los Callejones el 3 de mayo de 1905. En 1920, con apenas quince años, emigra a Cuba, afincándose en la entonces provincia de Oriente, concretamente en la ciudad de Antilla. En 1944 se traslada a La Habana donde adquiere en propiedad el Hotel San Luis, instalación a la que imprimirá un marcado carácter cultural y político y que, con el tiempo, terminará siendo conocida con el sobrenombre de “Hotel de los Exilados”, por la extraordinaria labor filantrópica que su dueño llevó a cabo a favor de los perseguidos por los gobiernos de las dictaduras latinoamericanas de la época. Este posicionamiento político de Cruz Alonso le valió las amenazas y la constante vigilancia de la policía de Fulgencio Batista que en varias ocasiones allanó su hotel. En agosto de 1960 se podía leer en la revista caraqueña “Momento” lo siguiente: “Guatemaltecos, costarricenses, nicaragüenses, hondureños, salvadoreños, panameños, haitianos, peruanos, argentinos, chilenos, colombianos, venezolanos, españoles republicanos y cubanos en toda la Isla, han convivido o se han relevado en su Hotel San Luis. Jefes de Estado, ministros, diplomáticos, periodistas, intelectuales, hombres de negocio y modestos trabajadores y campesinos, muchas veces han constituido lo principal de su clientela pluriclasista”. Entre sus huéspedes venezolanos cabe destacar al ex -presidente Rómulo Gallegos y a los que, más tarde, fueron sus sucesores como Rómulo Bethancourt y Carlos Andrés Pérez. El triunfo de la revolución liderada por Fidel Castro no supuso, sin embargo, la conformidad de Cruz Alonso con el nuevo régimen cubano y en 1960, aprovechando la invitación a la toma de posesión del presidente Rómulo Bethancourt, fija definitivamente su residencia en Venezuela donde seguirá desarrollando una importante actividad empresarial. Cruz Alonso falleció en Caracas el 2 de junio de 1976 y su sepelio estuvo encabezado por el entonces presidente de la República, Carlos Andrés Pérez. Días después, en el diario “El Mundo” de la capital venezolana, Romualdo Ventura señalaba: “Fue un espíritu abierto a todas las inquietudes políticas y culturales, aunque no fue un político ni un hombre de cultura. Le rindió un culto exagerado a la amistad, y dio de sí todo lo que podría dar, pero sin esperar recompensa alguna. Cuando en La Habana acogió en su casa y compartió lo poco que se poseía con los exiliados venezolanos y de otros países latinoamericanos, no lo hizo por cálculo, sino empujado por su sentido de la solidaridad humana y por su apego a los valores éticos que le acompañaron hasta el fin de sus días. Cruz Alonso fue un demócrata sincero y vertical. Por eso rechazó al régimen despótico de Fidel Castro, al igual que lo había hecho con las dictaduras de Batista, Trujillo, Somoza, Pérez Jiménez y otros tantos capitostes de la barbarie latinoamericana.

JOSÉ GREGORIO TOLEDO PÉREZ. Pintor. Nacido el 12 de marzo de 1906 y afincado definitivamente en Madrid desde 1924 hasta su muerte acaecida el 2 de noviembre de 1980. Ya en la capital española se formará en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, donde se forjará su personalidad artística, evolucionando desde un realismo atemperado en los años 30 a un clasicismo lírico y personal, caracterizado por una paleta de sobrio colorista en la mejor tradición de la Pintura Española. En 1942 obtiene la beca Conde de Cartajena de la Real Academia de Bellas Artes, el Diploma de Honor de la Exposición Nacional de Barcelona y el Primer Premio del Salón de Otoño de Madrid, consiguiendo tres años más tarde la Primera Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid con la obra titulada “La visita”, que según Juan Julio Fernández “no es otra cosa que la presencia de Mazo, con sus señoriales aires cortesanos, en la corte, por excelencia, de la capital del Reino. Como docente, obtendrá, en 1944, la cátedra de Estudios Preparatorios de Colorido de la Escuela Superior de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla y diez años más tarde la de “Colorido y Composición” en la madrileña de San Fernando. Como expositor, participará en la Bienal de Venecia en sus ediciones de 1936, 1942, 1950 y 1952, participando así mismo en importantes muestras de Arte Español en Alemania (1942), Portugal (1943), Egipto (1950) y Argentina (1953). Se ha escrito que “en la vida y la obra de Gregorio Toledo, confluyen genio y talento. El primero, capaz de la fecundación creadora; el segundo necesario para llevar la obra a su plena maduración”. Por su parte, Jaime Pérez García afirma que Toledo ha sido el pintor “más notable que ha dado La Palma en el siglo actual”. Su destacada trayectoria ha sido reconocida por el Ayuntamiento de su pueblo natal en varias ocasiones, nombrándole Hijo Predilecto en 1954 y rindiéndole público homenaje en agosto del mismo año. El 15 de enero de 1892 un acuerdo plenario reiteraba el reconocimiento municipal, decidiendo ahora colocar una placa conmemorativa en la fachada de las Casas Consistoriales y dar el nombre del pintor a la plaza, entonces en proyecto, del lugar conocido como El Morro. Su nombre también se le dará al Aula de Cultura ubicada en el casco del municipio donde, entre el 25 de mayo y el 4 de junio de 1989, tendría lugar una exposición de su obra, integrada por doce valiosos cuadros, uno de los cuales, “Vistiendo el maniquí” (1950), preside en la actualidad el salón de sesiones del Ayuntamiento.

HISCIO AMÍLCAR MORERA BRAVO. Médico. Nacido el 1 de marzo de 1913 y fallecido en Santa Cruz de La Palma en enero de 1991. Sus estudios de Medicina los inicia en 1931 en la Universidad de Barcelona, continuándolos, a partir de 1934, en Madrid y obteniendo la titulación por la Universidad de Valladolid en 1936. Sus primeros servicios facultativos los prestará, en plena Guerra Civil, en los hospitales militares de Santa Cruz de Tenerife, Vitoria y Alcazarquivir. De regreso a Canarias en 1941, desarrollará su labor en Tenerife junto a los doctores Zerolo y Cerviá, ingresando posteriormente, por oposición, en el Hospital de Dolores de la capital palmera del que llegaría a ser su director, interviniendo incluso en el desarrollo arquitectónico de este centro hospitalario. En Santa Cruz de La Palma también ejercerá como cirujano en la Clínica Camacho y fue el primero en practicar en la Isla la neurocirugía y la cirugía pulmonar, siendo también, pro la experiencia adquirida en la contienda española, impulsor de la cirugía traumatológica. En 1946 se incorporará a la plantilla de la Seguridad Social y en 1961 se traslada a Brasil. Fruto de su estancia americana será el libro titulado Negro y Blanco, publicado en 1965 y Notas sobre las enfermedades del Padre Anchieta (1968). Es autor de diversos artículos sobre paludismo, sífilis, reumatismo, etc., publicados en revistas médicas especializadas. En 1976 inaugurará la entonces Residencia Sanitaria de la Seguridad Social “Nuestra Señora de Las Nieves”, centro hospitalario donde dirigirá el Servicio de Cirugía General hasta su jubilación, que se producirá el día 1 de marzo de 1983. A su ingente y prestigiosa labor como médico hay que añadir su amplia trayectoria intelectual, en la que hay que incluir su etapa, en los inicios de la década de 1960, como presidente de la Sociedad “La Cosmológica” de la capital palmera que en 1986 le hace Socio de Honor. A ello se une su significativa producción literaria, inédita en muchos casos. “Yo no sé -afirmaba Juan Julio Fernández en 1983- si el doctor Morera ha escrito tan sólo lo que ha publicado, pero tengo la sospecha de que, en carpetas, en cajones de sus mesas, debe tener muchos papeles emborronados, fruto de la curiosidad, de la observación, de la reflexión o, simplemente, de la emoción. De su pluma salieron narraciones, cuentos y ensayos que fueron dados a conocer en periódicos y revistas. Entre los títulos conocidos están Aspectos de la Isla, Cruz Verde, El perro negro, Mover la Isla, La Isla y el mar, El pulpo gigante, Graciela… Su interés por el pasado insular se refleja en artículos como “Una tromba de agua en La Palma en 1783”, publicado en Revista de Historia en 1957, o en la inclinación por la arqueología, participando al respecto en excavaciones como la llevada a cabo, en septiembre de 1963, en su pueblo natal, a raíz del hallazgo de la necrópolis de La Cucaracha, donde aportará sus conocimientos médicos en el estudio de los numerosos restos óseos hallados. En la actualidad tanto el callejero municipal de su villa natal, por acuerdo plenario de 6 de junio de 1975, como el de la capital palmera, registran su nombre, y en su día, el colegio de Médicos de Santa Cruz de Tenerife le nombró Colegiado de Honor.

JOSÉ MANUEL HERNÁNDEZ SANTOS. Aparejador. Nacido el 1 de diciembre de 1913. Su trabajo como técnico en obras públicas y privadas del municipio le fue reconocido en su día por el Ayuntamiento de Villa de Mazo que en 1963, a propuesta del entonces alcalde Francisco Fumero Alonso, le concede el título de Hijo Predilecto, teniendo en cuenta, entre otras consideraciones, “que en los trabajos tanto municipales, como particulares ha demostrado su mayor actividad, y los ha realizado con moderadas remuneraciones…”. Autor del plan municipal de pistas para tráfico rodado, redactado en el citado año de 1963 con el objetivo de mejorar las comunicaciones de aquellas zonas agrícolas que se preveía poner en regadío. Con anterioridad, en 1945, también se había hecho cargo de un interesante proyecto para el aprovechamiento y canalización hasta El Pueblo de las aguas de la fuente de Niquiomo. Su muerte acaeció en Villa de Mazo el 15 de Marzo de 2002.

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Raimundo Manuel Martel San Gil

RAIMUNDO MANUEL MARTEL SAN GIL. Geólogo. Nació el 15 de marzo de 1914 y falleció el 15 de abril de 2000. Tras cursar los estudios medios en la capital palmera y La Laguna (Tenerife), marcha a Madrid en 1934 para iniciar su formación universitaria, matriculándose en las facultades de Ciencias Naturales y Farmacia. Interrumpidos los estudios como consecuencia de la Guerra Civil obtendrá, acabada la contienda, la licenciatura y el doctorado en ambas especialidades y su primer trabajo será el de profesor auxiliar en la Universidad de La Laguna, incorporándose más tarde al Consejo Superior de Investigaciones Científicas donde desarrollará una importante labor investigadora. Fue, en 1952, el primer español que obtuvo el título de ingeniero de petróleos por la Escuela Nacional Superior de Ingenieros de París. Está en posesión del Premio Nacional de Ciencias “Torres Quevedo” del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y del título de Doctor Honoris Causa en Ciencias de la Educación por la Universidad de Santo Domingo (República Dominicana). En 1968 ingresa como miembro de número de la Academia de Doctores de Madrid y en 1985 hace lo propio en la Real Academia de Farmacia. Su labor docente la desarrollará también, con éxito, en Valencia donde promueve el Museo de Geología de la capital y el Instituto de Geodafología de la Diputación Provincial así como el Centro de Estudios Universitarios de Castellón de la Plana. Fue rector magnífico de la Universidad de Alacalá de Henares. Entre sus publicaciones destacan los libros titulados El volcán de San Juan (1960) y Catálogo Inventario de la Colección Rodrígo Botet de mamíferos fósiles suramericanos del Museo Paleontológico Municipal de Valencia (1969). Desde 1961 ostenta el título de Hijo Predilecto de Villa de Mazo y, en julio de 1986, el Cabildo Insular de La Palma le concedió su medalla de Oro y el título de Hijo Predilecto de la Isla, distinciones que le fueron entregadas en un solemne acto celebrado el 30 de septiembre del citado año.